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Los alumnos de 3º de ESO participantes en el programa "Jóvenes, Ciencia y Ética" son partidarios de limitar la autonomía de los robots
Los alumnos de 3º de ESO participantes en el programa

CosmoCaixa Barcelona acogió ayer un encuentro de trabajo en común por grupos mixtos y de exposición de resultados con 320 alumnos de 3º de ESO de los 5 institutos participantes en el programa "Jóvenes, Ciencia y Ética", organizado por la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació (FCRi) y la Obra Social "la Caixa" en colaboración con el Departamento de Enseñanza de la Generalitat. Esta iniciativa se ha dedicado a analizar el impacto social, laboral, militar e incluso el afectivo de la robótica en el futuro, aspectos englobados en la llamada 'roboética'.

Una de las principales conclusiones de los alumnos es que se deberían crear ciertas leyes para limitar la autonomía de los robots. Por ejemplo, en relación a la robótica militar, los jóvenes creen que los robots deberían hacer tareas de reconocimiento y vigilancia pero nunca de ataque directo. Igualmente, consideran que deberían tener una autonomía para realizar acciones simples, pero no cuando haya vidas humanas implicadas. La idea básica que sostienen los jóvenes es que la sociedad debería ir avanzando hacia resolver los conflictos de una manera diferente de la guerra.

En cuanto al mundo laboral, los alumnos han determinado cuáles son las tareas que no han deberían hacer los robots: aquellas relacionadas con la empatía humana, el talento o la actitud. Por otra parte, se han identificado una serie de riesgos derivados de la entrada de los robots en el mundo laboral, como un posible aumento de la pasividad y consumismo de la población, la exclusión de la población menos formada o la necesidad de más formación. Junto a esto hay unos evidentes beneficios, tales como el hecho de que los robots harían trabajos pesados y peligrosos. Esto debería permitir el aumento del tiempo libre de la población para hacer lo que le gusta, y el aumento de la motivación para formarse y estudiar.

También se han analizado las relaciones afectivas con los robots. Aquí, y en relación al cuidado de las personas, los jóvenes creen que hay que establecer una diferencia entre el tipo de tareas que pueden llevar a cabo los robots (como por ejemplo, monitorización de constantes vitales, higiene, compañía y entretenimiento...) y las que no deberían desarrollar (decidir sobre la vida y muerte, participar en la educación moral, sustituir a los padres...). Por otra parte, las relaciones robot-humano deberían ser beneficiosas, por lo que los humanos deben estar protegidos físicamente y emocionalmente.

Finalmente, en cuanto a los límites de la Inteligencia Artificial, los alumnos catalanes creen que no es necesario que un robot tenga sentimientos, ya que para ello ya estamos nosotros. También defienden que hay que limitar la autonomía de los robots. Los 5 institutos participantes han sido el Príncep de Viana, Sant Andreu, Zafra e Icària, de Barcelona, y el Instituto Can Puig de Sant Pere de Ribes.

Consultar conclusiones.

 

29 de novembre de 2017
Barcelona